
En las últimas horas de un domingo caluroso se decretó el primer revés electoral que sufrió el gobierno de Hugo Chávez en la República Bolivariana de Venezuela después de nueve años.
Una posibilidad que existió siempre que existió el chavismo, una forma de consensuar con el pueblo la legitimidad del gobierno y sus medidas. " Extraño dictador este Hugo Chávez. Masoquista y suicida: creó una Constitución que permite que el pueblo lo eche, y se arriesgó a que eso ocurriera en un referéndum revocatorio que Venezuela ha realizado por primera vez en la historia universal" escribió Eduardo Galeano en la contratapa de página/12 hace unos años cuando el líder del "partido socialista del siglo XXI" convocó a unas elecciones para que deliberen con el voto su permanencia o su derrota en una Venezuela benévola pero bastardeada de cualquier rincón de la prensa. Tildada de revolucionaria por oponerse con vehemencia a una sanguinaria política imperialista de George W. Bush en EEUU, que parece eximido de culpa y cargo a la hora de redactar noticias con títulos aparatosos. Y de un país que ofició de pulpo en América Latina, extrayendo la riqueza natural de tierras ajenas e imponiendo gustos, hábitos, mañas y excesos.
Chavez diseñó un proyecto de reforma constitucional que puede tener aciertos y desaciertos, pero se debe poner mayúsculas en el oficio democrático de un señor que está juzgado de tirano y dictador. Un señor que puso en jaque su propio gobierno hace unos años y hoy volvió a consultarte al electorado venezolano sobre una reforma superlativa, de gran importancia para el destino venezolano.
Finalmente el resultado fue negativo. Ganó el no, un no que objeta una reforma destinada a abreviar las horas laborales de 8 a 6, la reelección indefinida, la universalidad del seguro social y el derecho alimentario, etcétera. El único argumento que puede sustentar con cuentagotas que Chavez es un dictador es el punto de convertir a la reelección en infinita; pero la transparencia del escrutinio y la operancia de la democracia se encarga de desechar cualquier tipo de vinculación con el autoritarismo. Después del resultado de ayer, aquellos quejones y fóbicos del marxismo, o mejor dicho: de todo lo que remita a la socialización de los medios de producción...pueden respirar tranquilos y esfumar ese fantasma rojo que los azotaba en los sueños. Ya no tienen paredes de donde sostener esas críticas impiadosas, ya no tienen de que temer porque todo funciona en regla, reina la democracia con un socialismo justo aunque el propio término los enloquezca.
Por Matías Kraber