miércoles, 16 de enero de 2008

un brindis sin sonrisa




Algunas reflexiones a priori, sin demasiado maquillaje, sobre el comienzo de otro año. Perdón por tanta ausencia para quienes entran seguido, la lejanía de mi computadora y de La Plata me aleja un poco de la escritura.



Como una gota de agua en una laguna se difuminó otro año. El 2007 no fue menos distinto que los últimos del siglo XXI y en definitiva que la última década del XX que marcó con vehemencia una tendencia un tanto atroz y peligrosa.


Presidencias inobjetables, con unas columnas mafiosas endebles,estabes e inamovibles por el carril derecho de las cosas. Desde Ménem a esta parte todo está pintado con un gris oscuro inmune al aguarrás de la opinión pública y de movimientos de gente que pugna por cristalizar un poco el mundo de la política y las ideas.


Los medios continúan con la lógica marketinera del mensaje rápido y sensacionalista, del programa plagado de mujeres bonitas, metrosexuales y quilombos made in farándula. El fútbol en una caída estrepitosa del fútbol propiamente dicho, donde ganan los apadrinados por empresarios mafiosos o de billetera gorda; lo único benévolo fue el campeonato de Lanús que fue una clara muestra de que todo "no está tan arreglado", y al tan hay que ponerlo con negrita.


El 2007 sigue marcando un gran exceso de muertes en la ruta y en las urbes por velocidades elevadisimas y alcohol al volante. No obstante el 07 no marca una excepción, sólo se adapta a una ola progresiva de accidentes fatales que encuadran en una inoperancia en la educación vial, y en la norma del tránsito.


Por demasiadas cosas el 2008 no aterriza con síntomas de cambio, el brindis siempre está condenado a la monotonía, a repetir la historia con demasiada fidelidad. Cristina se coronó presidenta y en sus comienzos no se corrió de la senda de Néstor, y no se avizoran cambios de envergadura en ningun nivel.


Vivimos en la sociedad de la desinformación aunque nos lluevan mensajes desde todos los rincones o flancos mediáticos. Todo parece un plan montado a desviar la atención, un atropello contra la razón, un emprobrecimiento cultural en todos los ordenes; donde la corrupción, las leyes del mercado y el maquiavelismo alzan la voz para coronarse con la victoria y rompen con cualquier valor, ideal y con cualquier romanticisimo. Nos sigue ganando el hombre del traje gris, "nos siguen robando el mes de abril".





por matías kraber