Sueños violentos

No sé cómo arrancó la conversación pero hablábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Los principios son, muchas veces, menos recordados que los finales, ¿Será por eso que hay tantas historias que no terminan de ser comprendidas? Lo cierto es que ese extraño hombre que tenía enfrente de tan extraño me resultaba familiar. Lo sentía, de algún modo que no puedo precisar, como alguien cercano y confiable con el que se podía dialogar con la misma intimidad con que se monologa con uno mismo. No parecía ser mucho mayor que yo, tendría unos treinta años, pero cierto aire melancólico envolvía su figura y lo hacía parecer más viejo. Su barba descuidada y el pelo enmarañado le sumaban abandono a su, ya de por sí, deshilachada imagen. Estábamos en un bar pequeño en las afueras de la ciudad que bien podría pasar por tugurio sin temor a caer en confusiones; un par de mesas, mucho humo y poca luz le daban una presencia sórdida y de ensueño al lugar. Tampoco sé bien cómo llegué a un sitio semej...