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Mostrando las entradas etiquetadas como Crónicas breves

Una mañana de nadies

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Bajo de un bus de línea en la ancha avenida Libertador y el asfalto está mojadísimo. Es temprano: las 8 de un sábado y Buenos Aires amanece gélido. Los colectivos doblan por esta ancha avenida y parecen venirse encima. Por el sendero del parque, a mi derecha, hay dos pibes de unos veintitantos que se frotan las manos y luego encienden un porro que huele a tres metros a la redonda. Baranda a yerba rancia que se quema. Yo, camino siempre atento: las manos en los bolsillos y la mirada entre líneas bajo la llovizna. Después sigo y descubro el Sheraton con sus insignias en rojo allá arriba de un rascacielos que se incrusta en el medio de la desidia de este pedazo de ciudad que se llama Retiro dentro de la gran urbe que se llama Capital Federal. Atravieso la cuadra del Hotel y bajo en dirección a la terminal de ómnibus. Algunos transeúntes caminan con sus paraguas. Pasa un señor de sesenta y bigotes que vende chipá:” chipa, chipa”, repite sin acento mientras lleva en su cabeza una compoter...

Un tren del Once

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El túnel se hacía eterno, mis piernas cansadas al ritmo de aquellos que rondan aquí y allá en el monte de hormigones salvajes. El reloj lanzaba las 22hs., horario en que mi espalda y hombros sólo querían retozar.De repente, todo aquel dolor que retorcía mi cuerpo se esfumó por las paredes de estación Once. ¡Levantate pibe! le decía un poli a un guachín de no más de 11 años. El pibito se encontraba desmayado, desorbitado… junto a otros dos que se acurrucaban en el piso helado. La vidriera del caos me incitaba a asaltar aquella imagen ¿Pero qué podía hacer yo por aquellos que viajaban en una nave muy diferente a la mía? Sólo pude capturar esa foto mental y guardarla en la retina memoriosa y adelantarme hasta el andén número 1. Once es maravilloso, más cuando lo nocturno recae en las almas desencantadas, aquellas que intentan transformar por 20 o 30 minutos el transcurrir diario. El cartel electrónico indicaba las 22:10; me apresuré hacia el furgón. Cuando uno entr...

Bacci es también morfar la historia

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Sobre un plato de cocina italiana una postal de la vida misma. Giros de historias sobre una pizza que chorrea una muzza transpirada, la soda para suavizar el moscato, el cuchillo y el tenedor, el hombre que come solo y no espera.   Había escrito un comienzo sobre este epicentro platense que debe arañar los 70 años de vigencia por La diagonal 79. Pizzería al paso de los comensales futboleros del pincha o el lobo que vuelven de partidos en 1  y 57 o 60 y 119. 

Chicago

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Chicago es la gran ciudad americana. Nueva York es una de las capitales del mundo, y Los Ángeles una constelación de  plástico, San Francisco es una dama, Boston se ha transformado en la Renovación Urbana, Filadelfia, Baltimore y Washington resplandecen como diamantes opacos entre la bruma de la megalópolis del este, y de Nueva Orleans sólo merece la pena el barrio francés. Detroit es la ciudad que se vuelca en una única industria, Pittsburg ha perdido su triángulo dorado, San  Luis se ha convertido en la panacea de las grandes corporaciones y las noches en Kansas cierran temprano. La concesión de la explotación petrolífera hace de Houston y Dallas tableros de ajedrez para esta clase de juego. Pero Chicago es la gran ciudad americana. Quizá la última de las grandes ciudades americanas.

El termómetro social

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El termómetro social me muestra dolor de muelas, dientes picados y esa mirada perdida en la pared de este hombre peruano argentino que atiende el puesto de comi das de Plaza Rocha en la noche de un lunes donde ni siquiera se acurrucan los perros. Yo vuelvo del ensayo de Casiopea y para adentro siempre pienso: "gracias que existe la música" y después me lo dirá también en su catarsis Basilio, un diseñador y músico de la vida que tocó con los Virus y los Redondos en sus años dorados y con sus 50 ya lleva un par de crisis en el lomo. 

El voyeur de historias

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Me gusta buscar historias detrás de la cerradura. Un voyeur de la historia singular, podría llamarme. A veces está en un detalle: la manera que cantaba ese reo en las calles de Bogotá vieja, ese reo de barba larga y descalzo cual músico jamaiquino pero haciendo Copa rota a ritmo de bolero. El tatuaje en la tibia de ese caleño con el escudo de Independiente en una noche aguardentosa. Esas cuatro señoras de setenta y pico tomando whisky y echando mierda alrededor de una mesa re donda una de las tantas noches lluviosas cachacas. Ese hombre -del que la radio habla mientas voy en el taxi- que hace jueguitos con una pulpito en una ochava del barrio de Congreso en Capital mientras los transeúntes le dejan chirolas en un sombrero de paja. Mis ojos en los ojos de ese mexicano hosco en un mediodía de Mazunte, una playa del pacífico, cuando parece que se paraliza el tiempo en un segundo mortal. Pero no. Ese yorugua que se llama Ernesto y me hospeda en su casa de Alter Do Chao en Brasil, esas cha...

Santiago, pisando nubes

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Me voy de Santiago con una llovizna que riega el asfalto. El celador, Hugo, con bigote y estatura mexicana pero tonada chilena santiaguina se despierta con mi buen día y se sacude en su silla como un perro mojado. Ve mi guitarra y me pregunta si la puede tocar. No soy fan de prestarla a primera vista a cualquiera, pero él tiene un encanto. Anoche nos fumamos un cigarrillo en su living de sereno, mirando al televisor y con la cochera del motel de fondo a metros de la Alameda. Un paisaje gris de subterráneo con las marcas de coches importados de fondo, impecables y estacionados. La tele encendida con la tonada chilena hablando de fútbol, de chismes y del paro en Argentina un 6 de abril de 2017. Fecha en la que no aterrizaron aviones ni en Ezeiza ni en el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires. 

Artesano de palabras

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Ten como norma gastar lo menos posible y la satisfacción con que vivirás será mucho mayor". Alex McCandless "[...] el mundo entero es una cosa llena de gente que anda de un lado para otro cargada con mochilas, Vagabundos del Dharma negándose a seguir la demanda general de la producción de que consuman y, por tanto, de que trabajen para tener el privilegio de consumir toda esa mierda que en realidad no necesitan, como refrigeradores, aparatos de televisión, coches, coches nuevos y llamativos, brillantina para el pelo de una determinada marca y desodorantes y porquería en general que siempre termina en el cubo de la basura una semana después; todos ellos presos en un sistema de trabajo, producción, consumo, trabajo, producción, consumo... Tengo la visión de una gran revolución de mochilas de miles y hasta de millones de jóvenes norteamericanos con mochilas y subiendo a las montañas a rezar, haciendo que los niños rían y que se alegren los ancianos, haciendo que las chicas ...

La lisergia en Palenque

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Palenque es el comienzo de Chiapas cuando se baja por la Riviera Maya. De la arena blanca al fango de la selva. Choque cultural que son una tómbola de milenios. Del caribe for export a la mexicanidad más honda, un cenote de cultura. Un niño de una de las tantas comunidades indígenas de la región se cruzó en mi camino apenas bajé de esas busetas que hacen el recorrido del pueblo a las ruinas arqueológicas en las que gobernó el Rey Pakal desde el año 615 al 683 y convirtió a esta tierra mexicana que lleva el nombre español de las peleas de gallos o carrera de caballos. Sin embargo el nombre maya original es Lakan-ha: lugar en el que abunda el agua, poderosa agua,  me dice este pibe llamado Vladimir mientras vamos caminando hacia la zona de las pirámides y de fondo se escuchan unos monos que parecen leones en la profundidad del verde más frondoso. 

El águila mira de reojo la muerte

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- Lo único que te pido es que no sacrifiquen a mis gatos- dijo Eduardo por el teléfono celular. Estaba con el aparato inalámbrico en el balcón y veía el filo de la vereda desde el piso uno. - ¿Sono i tuoi gatti?- respondió con intriga el recepcionista de la radio, del otro lado del tubo. - Sí, a mis gatos. ¿Escuchó bien?- Contestó con la voz más áspera Eduardo. - Sì, ma non capisco. Mas, ¿come posso aiutarlo? - Tome nota: los gatos, ahora, son las únicas criaturas vivas que me importan. El resto es pura y física mierda. El mundo. Sí, el mondo- Eduardo se envalentonaba y subía el tono de su voz mientras tosía los 25/30 cigarrillos diarios de los últimos 6 años- El mondo no me importa, últimamente cambié a eros por Tanatos.- Hizo una pausa, se percató de su extenso monólogo y tanteó al interlocutor- ¿ Está usted ahí?, “¿Ci sei?” - Sì, ho sentito Eduardo- respondió el joven recepcionista de la Radio Onda d'Urto, mientras respiraba hondo para continuar con la conversación y agarró un ...

Frontera de río

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La frontera es apenas un bulevar con masetas, dos oficiales de gendarmería con hitacas que apuntan a un suelo de hormigón que continúa descascarado hasta el otro país. Un par de Skol y Póker de litro rotas y músicas que se entremezclan: de un lado Diomedes Díaz y del otro un forró de vaya a saber quién carajo. La transpiración de la selva en el medio siempre, una sensación de calor sublime que puede rajar las nubes en cualquier momento para que llueva por días que parecen sig los. Y ahí van ellos, sedientos pueblerinos de una frontera a otra: sobrios de Leticia que se emborrachan en Tabatinga -barro blanco en idioma tipu- mientras las motos que cruzan y el forró acaramelado suena sin respiro en un puerto selvático donde el Amazonas brasileño le abre paso al cauce colombiano y más allá despliega su brazo hacia Perú. Yo, llego bien patria grande: con un peruano albañil que viene de chambear en Manaus y moverse en barco significa de la casa al trabajo, y ella: Marcela, peluquera colombian...

Goodbye Fidel

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Imagino a una mujer en un hospital de La Habana que comienza a ver una ciudad que parece un velorio desde su ventana. Que escucha aún los motores de los escarabajos de otros tiempos que aún truenan acompasados con las olas del mar. Imagino la secuencia como goodbye Lenin, la muerte que viene a hacer caer el muro de una época. Siempre pensé que Fidel y la Revolución Cubana era la última trinchera de la guerra fría, ese bastión que por arrinconamiento o la bien llamada necedad  -del me muero como viví- detuvo el tiempo en la década de los 60 con el múltiplo de panes y peces. Nunca fui a Cuba, siempre dije que quería hacerlo antes que muera Fidel. Desde anoche pienso en la deuda que tendré porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Algo así como la Venezuela de Chávez y la Venezuela de Maduro, la Cuba de Fidel y la Cuba de un Raúl más flexible en tiempos neoliberales del acero de Trump.  Vuelvo a imaginar a esa mujer cubana (de talvez unos 80), llegando al final de sus...

El riel también es teatro

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En el riel se escucha tango. El riel es un bodegón con madera en las calles Rivadavia y Pueyrredon del barrio Pichicha de Rosario. Y como ayer eran cuadras de conventillos y burdeles y hoy se mezcla con los aires de arte del Museo Contemporáneo, el Riel es un simbolismo atemporal que también suena. Un caracol del tiempo que suena como fonola de los 20 mientras las mesas de madera firme alberga a jóvenes de no más de 35. No hay  viejos, no hay gel, gomina, codos con pitucones en el estaño. Hay mozos con delantal pero también jóvenes que pasan con sus bandejas de chops baratísimos con cerveza Santa Fe tirada, en la única esquina de todo Rosario que sirven esta rubia capitalina. Hay un mueble que tiene 100 años y en su vitrina de botellas variopintas parecen salir voces de la gangrena tanguera que también es de acá, de este lado del mapa que se inclina al litoral. Hay una barra que también tiene 100 años y los detalles de percheros para los sacos de los parroquianos del estaño. H...

Calle 63

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Cuando te pica la mano. Una cosquilla adentro, algo que raspa, un nervio que se hincha con la humedad pareciera.  Escribir para arrimarse a un otro: cualquiera que sea.  Este hombre que recorrió el campo temprano y llega al rancho a tomarse un mate mientras suena la hondura del silencio. Esa mujer, que piensa en los viajes y en las letras, que nunca está quieta y de repente lee. Lee y su alma parece flotar en el dique de San Juan. Se convierte en un velero que sigue el curso  del viento norte. Este amigo que se alista, se acomoda para salir al trabajo, piensa en la fatiga de la rutina pero por suerte tiene el don de capturar la chispa de un instante: una frase que lo despabila como el agua helada de la canilla a la mañana. Sabe que los días son largos pero hay palabras como semillas que germinan adentro y eso, eso amigo, eso es lo más importante.  Un señor, un señor de párpados pesados, sentado en la mecedora de su balcón parece un pájaro que medita en su propia jaul...

La Wallace en una foto

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Esta es mi foto de Alvear. Pueden ser muchas. De hecho lo son. Pero ahora elijo ésta: la calle Wallace una tardecita de otoño casi invierno. Ese color violeta y naranja del cielo mientras se acerca una camioneta que puede venir del campo y estacionar en lo Papavero por algún toque de chapa y pintura que Carlos -siempre vigente en la esquina que cruza con Vicente López- hará en su galpón que es la estática del tiempo. A veces me da placer que el tiempo esté con las agujas del  cemento congelado.Un pequeño tatuaje en color o cemento de la historia barrial. No sé cuánto: pero desde que nací está así, pintado con los colores de Boca Juniors y también hay olor a pintura, a chapa chamuscada con la octógena, mientras las bicicletas musetas o inglesas frenan en la vereda de enfrente para jugar algún número de la suerte en la Quiniela del otro Carlos: Quiroga, el hijo de Doña Juana, que también pasa lentamente persignándose porque acaba de curar el empacho a algún gurí vecino.  Po...

Un rectángulo del once

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Subo las escaleras de la estación Pasteur y me avanza el olor a pastel de papas y arroz chaufa. Papa y arroz: dos comidas sudacaorientales invaden la cuadra por la nariz. Dicen que en el tumulto, en el caos de razas y ventas, ganamos nosotros: los buscavidas sudacas. Eso no lo pronuncia nadie, pero lo escucho. Los ruidos no se distinguen pero el pulmón de aire lo marcan los colectivos cuando abren sus puertas para depositar o hacer subir pasajeros. En un rectángulo como el área grande del fútbol pero puro cemento, palomas que vuelan bajo y picotean la basura chatarra del transeúnte; el once está a la orden de la compra rápida y fugaz. Veo elegantes vendedores que visten como el halcón maltés y pueden también ganar juicios aparentemente millonarios, dos inmigrantes senegaleses con la camiseta de Brasil y Francia puestas más tricotas -cubriéndoles las nuces- que seguramente tejió una chola que ahora vende comida peruana al paso en un taper de campamento. Otro peruano achinado de corte ...

Lunes subcampeón

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El gol de Goetzhe fue un silencio que aturdió. Aplastó. Hundió la ilusión en el frío del sur. Rompió ese pacto secreto con el milagro. Pinchó el domingo con una verdad neoliberal: en el mundo de hoy, ganan los que llevan las de ganar. Primer mundo, ingeniería, ciencia y negocio. Y acá amanece gris, reaparece lo común, lo de todos los días. Este mate amargo más amargo que nunca. Aunque adentro el pecho tiene dignidad de Mascherano. 5 símbolo. 5 cacique rioplatense como ese héroe del maracanazo uruguayo del 50. Aquel su Artigas y éste nuestro San Martín aunque sea segundo qué carajo importa. Hoy es lunes otra vez sobre la ciudad, cuando podría haber sido feriado nacionalista y popular sin distinción de clases ni razas porque cuando hay fiestas según el nano habla el noble y el fulano sin importarles la facha. Tal vez hubiese sido el lunes más feliz de los últimos 28 años. Que no es poco. Pero no: vuelve el lunes repleto de mierda, de periodismo barato, de gorilismos, de exiti...