El hombre que le ganó a la soledad
Relato, viaje, cuento, círculos de vida misma y literatura... Sí, ese día le ganó. No sé como hizo, pero lo hizo. Lo tenía podrido, tanto que el olor lo perseguía cual misil de calor de los yanquis. Atrás, en la nuca, con dos caras cruzadas en parietal derecho de la cabeza jugándose un ajedrez interminable, infinito, entre el filo y la paz. Enredo, trenza y más trenza, nudo ciego. Empate técnico que no conduce a nada. Él bailaba el tango los domingos. Tradicionalmente, sin faltar. La rutina que se vuelve dependencia: reproduce un círculo que al principio es fuego e identidad pero más tarde es una guadaña de las que van rozando los nervios hasta cortar algún cable. Y después otro, y después otro. Y después el precipicio que se desbarranca: “ Lo pensó dos veces y se marchó, como una frutilla su corazón, Siempre el mismo rollo con los parientes”, c antó Fito sobre el karma. Sí el karma, llamésele a ese agujero negro que chupa como aspiradora para tra...