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Sueños violentos

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No sé cómo arrancó la conversación pero hablábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Los principios son, muchas veces, menos recordados que los finales, ¿Será por eso que hay tantas historias que no terminan de ser comprendidas? Lo cierto es que ese extraño hombre que tenía enfrente de tan extraño me resultaba familiar. Lo sentía, de algún modo que no puedo precisar, como alguien cercano y confiable con el que se podía dialogar con la misma intimidad con que se monologa con uno mismo. No parecía ser mucho mayor que yo, tendría unos treinta años, pero cierto aire melancólico envolvía su figura y lo hacía parecer más viejo. Su barba descuidada y el pelo enmarañado le sumaban abandono a su, ya de por sí, deshilachada imagen. Estábamos en un bar pequeño en las afueras de la ciudad que bien podría pasar por tugurio sin temor a caer en confusiones; un par de mesas, mucho humo y poca luz le daban una presencia sórdida y de ensueño al lugar. Tampoco sé bien cómo llegué a un sitio semej...

Música "de la Ostia", crónica

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Crónica urbana, El after en la noche, La Plata Escribe Emmanuel Burgueño. "Para entendidos", debería figurar en alguna parte de la entrada: la música techno suena como un eterno tamborileo en el que las máquinas hablan al ritmo de un compás extenso y repetitivo, repleto de acentos y silencios. El lugar, iluminado por unos tenues faroles y unas danzarinas luces camaleónicas, está prácticamente vacío con la excepción de cuatro o cinco jóvenes que en el rincón más oscuro (al lado de las persianas que dan calle y nunca se abren) se mueven de manera fantasmagórica agitando las manos y moviendo sus cabezas. Son las tres de la mañana, y "de la Ostia", el único bar en la ciudad de La Plata que pasa música electrónica toda la noche, parece amnésica de gente; pero claro: falta el cartel que diga: "para entendidos"… - Es demasiado temprano; esto recién empieza a "ponerse" a partir de las cuatro y media. Adriana habla con la elocuencia y la autoridad...

París ayer y ahora

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Llamó a las 8 y me dijo que quería hablar de lo nuestro. Cuando decía lo nuestro se refería, intuyo, a conversaciones nunca resueltas, a intentos fallidos, a ganas que resbalan en el marmol de lo moral: de lo permitido y lo prohíbido.Siempre que sonaba el teléfono, yo deseaba que ese sonido estridente me trajera la voz de ella. Porque justamente si era ella, el fantasma cotidiano, ese ritual monótono de volver con la cara larga del trabajo y soportar alguna queja de mi mujer, se pudiera disipar tan fugazmente como el humo de una avión en el aire. Sin embargo esas charlas fulgurosas, aunque tendrían que durar años, se terminaban. Carecían de extensión, se consumían tan rápidamente como todas aquellas cosas que se disfrutan demasiado. Y lastimosamente yacían en la nada, en esas fichas puestas en el azar, en esa eventualidad de que nuestras vidas girasen en un mismo sentido casi mágicamente. Pero aquella tardecita llamó con otra cadencia, con otro tono: dijo que todo había concluído, que ...

No me gusta cuando callas

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Reseña, homenaje al escritor Mexicano Juan Rulfo En silencio late otro México. Juan Rulfo, narrador de desventuras de los vivos y los muertos guarda silencio. Hace quince años dijo lo que tenia que decir, en una novela corta y unos cuantos relatos, y desde entonces calla. O sea: hizo el amor de hondísima manera y después se quedó dormido" Eduardo Galeano, “El siglo del viento” Con Pedro Páramo comprendió que en lugar de escribir prefería hacer callar su voz. Restaban kilómetros de hectáreas fértiles para sembrar su prosa en novelas o cuentos que recorrieran el mundo, crecían los seguidores, sus dos únicos libros empezaban a traducirse en diferentes lenguas; pero Juan Rulfo prefirió el silencio, pensó que ya había contado todo y se acobijó en el Instituto Nacional Indigenista para confeccionar la colección más importante de la Antropología contemporánea y antigua de México. Allí dedicó los últimos veinte años de su vida, alternando con la fotografía y algunos viajes por el co...

Desde lo alto del río

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“ Entrevista, Música, Raúl Carnota, folclore argentino T al vez cuando me entiendan, ya sea un poco tarde, pero los pienso perdonar soy hombre razonable”. Raúl Carnota “Chacarera del pensador”. Espejos, 2005. Sólo un melómano puede atravesar fronteras musicales, mezclar géneros y construir arreglos novedosos. Raúl Carnota, un porteño vinculado al folclore, habla de sus comienzos en la música, su puntillismo a la hora de componer y la relación con las multinacionales. Aquí un breve retrato gráfico de un cantautor de lujo. Podría arriesgarse que si aquella mañana veraniega de finales de los cincuenta, el economista marplatense, Raúl Cesar Valentín Carnota cruzaba la frontera aduanera de Brasil a Argentina con los brazos vacíos; su hijo Raúl estaría hoy radicado en algún pueblo del interior de la Provincia de Buenos Aires como veterinario de grandes animales. Con una vida sedentaria de ocasionales viajes cortos hacia los campos aledaños, compartiendo yerras, asados, vinos...

Esa Luna que vino del norte

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“Llegan de noche gritos lejanos, rompe la luna, tiembla de miedo algún chango de salamanca llaman campanas l os hombres quieren matarse empuñando un arma” . Peteco Carabajal y Jacinto Piedra, “te voy a contar un sueño ”. Una música viaja con el viento. Voces desgarradas, que se quiebran en un tono agudo casi de súplica, traspasan los vidrios empañados y se cuelan por las calles dormidas de una noche de jueves con luna llena de carnaval. La fiesta comienza a las diez y se estira hasta el cansancio. Luís está detrás del mostrador con la mirada clavada en una caja que lo transporta a las coplas collas de su infancia. Una infancia que lo ligó al trabajo forzoso escalando cerros desde la aurora al ocaso, masticando coca y silbando algunas canciones de Atahualpa mientras se fundía con el paisaje intenso de Maimará. Treinta años más tarde él está a 1660 kilómetros al sur de su Jujuy natal, comandando la fiesta del folclore norteño en la capital de la provincia de Buenos Aires como “el tío”, “...

Intimidades de una generación

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Inicios 2008. La Plata Entre ensayo y crónica, Periodistas jóvenes y no tanto, el nuevo periodismo de acá y de ahora ¿Qué une a los jóvenes escritores que se dedican al periodismo y a la literatura? Narradores que están entre los veinte y treinta años que agudizan sus sentidos buscando buenas historias para contar. Y que se lanzan a la escritura sin demasiada picazón mezclando géneros, dejándose atravesar por las nuevas tecnologías, sin miedo a la autorreferencialidad, construyendo escenas íntimas de lo otro y de lo propio. Sin estrecheces academisistas ni gondoleros se pueden incluir en la lista a libros como La argentina crónica, Los suicidas del fin del mundo, Cristo llame ya!, Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, Derrumbe, Buenos Aires 1:1, además de un lugar recuperado en revistas, diarios, y lo último: blogs. Y entre los nombres: Cristian Alarcón, Leila Guerriero, Martín Sivak, Washington Cucurto, Daniel Guebel, Josefina Licitra, Alejandro Seselovsky, Juan Terranova,...