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El día que murió Lennon

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Gabriel García Márquez, John Lennon, Sí la nostalgia sigue siendo igual que antes , Ha sido una victoria mundial de la poesía. En un siglo en que los vencedores son siempre los que pegan más fuerte, los que sacan más votos, los que meten más goles, los hombres más ricos y las mujeres más bellas, es alentadora la conmoción que ha causado en el mundo entero la muerte de un hombre que no había hecho nada más que cantarle al amor. Es la apoteosis de los que nunca ganan. Durante 48 horas no se habló de otra cosa. Tres generaciones —la nuestra, la de nuestros hijos y la de nuestros nietos mayores— teníamos por primera vez la impresión de estar viviendo una catástrofe común, y por las mismas razones. Los reporteros de la televisión le preguntaron en la calle a una señora de 80 años cuál era la canción de John Lennon que le gustaba más, y ella contestó como si tuviera quince: La felicidad es una pistola caliente. Un chico que estaba viendo el programa dijo: “A mí me gustan todas”. Mi h...

Simpleza

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Poesía, verso, corto, chiquito, ahí cortito y al pie Prefiero el alma gorda las palabras que dicen, El viento en la cara, Los pies en la tierra el sueño en los ojos y los abrazos que hablan. La simpleza de un mate, los corazones hermanos, la lluvia que trae, la tormenta que apaga, El sol en la siesta y el barullo del río, La amistad de la sangre la canción que nos une, la luna en remanso y la noche esperando Matías Kraber

El adiós de Leonardo

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Cineasta de lo nuestro, hizo de lo popular algo sublime para siempre en la pantalla. Sea grande o sea chica. Dijo, su cine habló por todos lados y de nosotros mismos. Entendió el arte como un arma, como la mejor herramienta de transformación. Se fue, con 74 años, un hombre de los del pueblo. Se llamaba Fuad Jorje Jury, pero una argentina entera hoy lo llora con su pañuelo como un tal Leonardo Favio. "La revolución peronista pasa por la alegría. Es hermosa y alegre, como era Evita. No es una revolución de ceño fruncido. Es alegre, es vital, como era yo cuando era joven. Donde veas gente triste, ancianos tristes, niñez desguarnecida, donde veas sangre, por ahí no pasó el peronismo. Donde veas al trabajador -sea del músculo o del intelecto- aterrado por su mañana, ahí no pasó el peronismo. Aunque enarbolen la bandera del peronismo, ahí no hay peronismo, porque uno es lo que hace y hace lo que es", dijo para siempre Favio y dejó la revolución en su risa.

La repetición

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La música, el estereotipo, el filo de la fama y la muerte de Kurt Cobain Por Fabian Casas Mi hermanito menor -que ahora es mi hermano mayor- tenía, mezclado entre su colección añeja de discos de Kiss, a Nevermind, de Nirvana. Estoy hablando de mediados de los noventa. Creo que me llevé el disco a mi casa y lo puse varias veces. Ni fu ni fa. En realidad yo estaba sugestionado porque había visto a Nirvana varias veces en MTV, que para mí era como esos locales de comida rápida pero de la música. Sí, Nirvana era -para alguien que no veía mucha televisión- sinónimo de la garcha de MTV. Por otro lado, siempre fui fanático de los Pixies. Cuando digo fanático quiero decir que me gustan todos los discos de la banda de Frank Black. A veces, uno dice que le gusta un grupo porque les gustan uno o dos discos y un par de canciones que suelen hacer época (por ejemplo, Common People, en el caso de Pulp). Un fanático, en cambio, disfruta de todos los discos de su grupo preferido. Y encuentra agua...

El Corazon del pasto

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Cuento, existencialismo, vida misma... Sabía bien que un día me iba a matar.  Que acertaría porque ya sabía todo. Sí,  cuando digo todo es todo porque siempre sentí el peso de sus ojos en mis espaldas. Un aliento caliente en la nuca y olor rancio en el aire que desde una noche de verano comencé a sentir. Era yo, mi cama vieja, mis sábanas, el olor a naftalina del placard, una cocina dónde apenas me cocinaba algún bife a la plancha cada dos noches y después de yirar por bodegones o fondas  volvía a dormir al cuarto. Olor a tierra húmeda, ventilador chillón, una planta marchita y yo echado con los ojos comiendo el techo.  Ahí, en esa vida que bien pudo ser casi un minuto, una hora, dos o tres; él me apuntó desde una ventana, sin piedad, enceguecido como el que tira a un balazo a quemarropa. No sé con qué, pero me apuntó. Sentí el filo, la electricidad, el ligero escozor de la muerte inminente. Ese escalofrío que se instala en los hombros y luego baja por to...

La hora de hacer la plancha

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Entrevista telefónica con el Gordo Caseros No existe el término medio: o lloras de risa o lo puteas, o te descoloca y te reís, o no le casas un fulbo. Él es Alfredo el Gordo Casero y cuenta cosas sobre La Plata como un lugar que le despierta juventud, lleno de parejitas de la mano o pendejos borrachos en la plaza que lo escuchan y quieren hacerles caso. “Es hora de que hagamos la plancha, ya nos comimos muchos pijazos” dice el gordo Si él maneja hay que ajustarse los cinturones , apretar las muelas y agarrarse de alguna manija. “Cuidado que colea” o “peligro: animales sueltos”. Se tira a la banquina, te clava los ojos redondos como dos huevos duros y se ríe como el guasón o un suegro gordo hijodemilputa que te toma examen de asador familiar. Y yo no quiero ser Juan Miceli preguntándole ¿cómo es tu casa? Y el gordo respondiéndome: “igualita a una concha pero de cemento” o “ de paja como la del primer chanchito”. No. Nada de guión ni 5W. Sólo embarcarse en bote y pesc...

Los andes a lomo de burro

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Crónica del Cruce de Los Andes, epopeya Sanmartiniana, San Juan- Chile Para atravesar Los Andes, San Martín necesitó de 5400 hombres –entre soldados, barreteros, cocineros, arrieros- 1600 caballos y 10.600 mulas. Unos 7000 kilos en obuses y cañones, una dotación que -según indican los libros- ascendía a 600 reses vacunas, 40 toneladas de charqui con galletas de maíz y 113 cargas de vino más ponchos, frazadas y aguardientes para cobijarse del frío desgarrador de las montañas. A mí, en cambio, me dejan apenas un burro negro sin nombre que mide 1,50 y luego en otro burro blanco corpulento, al que todos aquí conocen como Pompón. Dos, llamémosle, fititos tuneados para el viaje y con doble tracción: pasan del barro, a las piedras y la nieve, de la llanura a la montaña y el agua sin problemas de neumáticos ni de patentes impagas. Además, contamos con guantes térmicos, carpas iglú y teléfonos satelitales. Más una provisión extra de catorce petacas de whisky y licores para 24 periodistas ...