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Avión de juguete

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-Tengo un avión de juguete y me lo regalaste vos- dijo él que se abrigaba del frío. De esos otoños que tienen más de invierno que de otoños aunque el cuadrito de las hojas amarillas en el asfalto es poesía plástica.  -Sí, es así, a veces el motor del viaje es simbólico. Te lo digo por experiencia- dijo ella con la voz más soul de la primera mañana mientras se oye varias veces el pulmón del mate, que se infla con los labios que lo succionan como si fuera una bolsa que no se ve, y nuestra retórica compartida pregunta si estará adentro de la yerba?.  Después caminaron un par de cuadras que parecieron diecioc homil y fueron haciendo el ultimo travelling de la ciudad. Un caballo que asoma sus dientes siempre risueños y un porte de atleta hípico que puede amasar fortunas, va saliendo con su vareador desde un portón que da a la calle. Un peluquero de barrio mirando el barrio desde su vidriera: una mirada hondísima que se mezcla con algún atisbo de resignación. -Yo te diría que lo pie...

La esquina

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"En las esquinas estaba la posibilidad del infinito", le dijo el Manu al gaita. Cualquier esquina que vibra al mismo tiempo en universos paralelos. El manu y el gaita que fuman un porro en ese apenas descampado que tiene Buenos Aires por ejemplo en esta esquina de Villa Crespo con los colores del Atlanta de Juan Gelman en el paredón de la Julián Alvarez con Drago. 

Me gusta

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Me gusta que las canciones sean como pequeñas palomas que se largan entre vaya a saber que cables o que salvoconductos de la vida. Pero que se respire la telepatía, se larguen ondas como burbujas de amor e ideología. Sí, un caramelo agridulce abriendo cauces entre las redes. Un caramelo etéreo cuyo manojo de información sensible se vuelve un rebenque con una caricia. Un electroshock de vida con la saliva de la mística. No sé, digamos que algo oficiando de médium: enlaces, com as, paréntesis entre corazones que laten lejos pero que evaporan la lejanía en una canción de música.

Tu musgo es el mío

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Te crecen hojas de tréboles  en los dedos  Un paraíso silvestre en la mano, son dos Parece que te llueve un pantano también verde de la selva Una aureola de musgo 

La frágil vasija

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En una esquina de la ciudad había un local de objetos de arte. Y entre la calle y el frente del local una estatua de cerámica de la deidad budista Kannon (Bodishattva de la compasión), con la altura de una niña de doce años. Cuando el tren pasaba, el gélido cutis de Kannon se estremecía, al igual que el vidrio de la puerta del negocio. Cada vez que yo pasaba por allí, temía que la estatua se cayera. Éste es el sueño que tuve: El cuerpo de Kannon caía directamente sobre mí. De pronto Kannon estiraba sus largos y blancos brazos, que hasta entonces pendían a lo largo de su cuerpo, y me envolvía el cuello con ellos. Yo saltaba hacia atrás con desagrado por lo sobrenatural de sus brazos inanimados cobrando vida y por el frío toque de su piel de cerámica. Sin un ruido, Kannon se rompía en miles de fragmentos al costado de la calle. Una muchacha recogía algunos de los pedazos. Se detenía un instante, pero rápidamente volvía a juntar los pedazos diseminados, los fragmentos de cerámica relu...

Un día en la vida del cazador

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Bebí de un sorbo lo que quedaba de ginebra en el vaso y agarré los naipes. Una densa niebla de tabaco invadía el lugar. De lejos sonaba el partido entre Gimnasia y Belgrano en la transmisión de la televisión pública. Iban 0 a 0. Un bodrio. “Todo está bien”, me dije. Eran las 9 de la noche y estábamos sentados jugando al truco en la sala de juegos detrás de la barra del club. Afuera: una niebla silenciosa comenzaba a teñir de blanco el verde de las veredas. - ¡Envido che!- Dijo Roberto exaltado.   Arqueó sus cejas como si tuviera en sus manos el billete ganador de la lotería. Ya todos lo conocíamos, sabíamos que su exaltación siempre era índice de una gran mano. – Guarda que tengo más que las viejas eh…- soltó con sarcasmo entre dientes para persuadir. El muy pillo era pie y quería robarse los puntos del tanto. Mi compañero Yiyo, me miró y cerró sus ojos. En esta me dejaba solo. Miré los porotos y estábamos lejos. Acto seguido, levanté la vista ...

Y si viene la noche

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Y si venís con ese viento mejor que sea con ese viento que hasta lava lágrimas de metal fundido Canjea arcilla por gotas pequeñas gotas como brotes de suertecitas.  Y si venís con esa risa que sea un caracol de agua tragamonedas de angustias Y si venís con ese sol (aunque pequeño sol)  seque los trapos que también deberían tirarse le dé un avioncito dulce a tus labios una canilla que respira profundo