Mestizo soy
Un viaje por las raíces de estas
tierras argentinas que hacen a la mezcla. Entre pueblos originarios, europeos y
negros se fue entretejiendo un crisol de razas dónde aún predomina un 56% con
sangre nativa en su árbol genealógico. Testimonios, datos y curiosidades de
nuestra sangre mestiza que merece ser revisada por nuestras generaciones.
“ Somos todos descendientes de antiguos
o modernos inmigrantes”, Ameghino.
La historia es la historia de los
caminos. Imagínense cromosomas que serpentean por el ADN de todos. Rumbos y pisadas nómades trashumantes que le dieron
sangre a varias regiones y familias que más tarde pasaron a ser un país. Siempre
definidos por el agua y la tierra. Al calor del sol y con el fuego de sus
instintos. Hubo cruzadas, guerras,
batallas, negociaciones, aluviones, alianzas, rupturas , traiciones y sobre
todo mezcla. La reacción que deviene en mezcla de sangre.

Mapuches, Araucanos, Ranqueles,
Querandíes, Huarpes, Sanavirones, Pampas, Comechingones, Diaguitas, Guaraníes y
Tehuelches. Sus desprendimientos. Sus
fusiones. Sus viajes de ida y de vuelta por caminos que zigzaguean en el mar del
tiempo con la velocidad de una chacarera cada vez más vertiginosa que nos
invita a preguntarnos de dónde vienen las semillas?
Se dice que las primeras tribus de
cazadores fueron asiáticas y llegaron por el estrecho de Bering hace ya más de
30.000 años. Después comenzaron las migraciones internas hasta aterrizar en
éste polo sur de Sudamerica unos 12.000 años después.
Lo cierto es que a principios de siglo
XIX en las Provincias unidas del Río de La Plata había un total de 400.000
habitantes de los cuales una mitad eran comunidades originarias, y la otra
mulatos/negros.
Perú, Bolivia y Chile tenían más
densidad demográfica.
El
diezmo negro
Los negros llegaron a fines del siglo
XVI como mano de obra esclava a los puertos de Valparaíso, Río de Janeiro,
Montevideo y Buenos Aires tras un largo viaje en barcos desde Angola, Guínea y
El Congo. Sin embargo para 1871 las guerras de la independencia, la de la
Triple Alianza y la fiebre amarilla porteña – San Telmo y Monserrate, barrios
de tambor- diezmaron la población. Por la peste o por ser carne de cañón.
Hoy día la Argentina tiene un 3,5% de descendencia esclava lo que significa un 1.500.000 habitantes que en su árbol genealógico tienen algún componente mulato. En Corrientes – por ejemplo- hay un barrio que en guaraní dice Kamba kua: cueva de los negros.
Hoy día la Argentina tiene un 3,5% de descendencia esclava lo que significa un 1.500.000 habitantes que en su árbol genealógico tienen algún componente mulato. En Corrientes – por ejemplo- hay un barrio que en guaraní dice Kamba kua: cueva de los negros.
El
nomadismo
Cambia el rumbo el caminante,
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Todo cambia, Violeta Parra
Todo cambia, Violeta Parra
Las criaturas de Ramón Haro Galli
Los Araucanos llegaron de Chile a la
Patagonia y tuvieron un enfrentamiento feroz con los Tehuelches –gente del sur-
a la altura del Río Limay. Se dice que por éste enfrentamiento, Los Pampas -que
tienen una raíz más tehuelche que araucana- siempre fueron más aliados a los
cristianos que los propios mapuches de quiénes también adoptaron su idioma por
éste fenómeno transcultural. La Araucanización no fue un proceso de guerra sino
más bien un aluvión: cruzaron la cordillera en busca de ganados cimarrones que
poblaban el territorio pampa y patagón.
Llegan
los Araucanos
Corrían los años 1818 cuando los
borogas –[2]desprendimiento
de los Araucanos- llegan de Chile a la Provincia de Buenos Aires huyendo de la
Batalla de Maipú que enfrentó criollos y españoles. Así cruzan 1600 kilómetros
entre montaña y llanura para ubicarse en las Salinas Grandes – hoy Guaminí- y Sierra
de la Ventana. Allí el primer mojón
marcado con lanza araucana.
En 1827 los hermanos Pincheira llegan
de Chile con cien paisanos, y entre ellos José Baldebenítez quien estuvo con
los indios del Cacique Mariano Rondeau –Boroga- hasta sus últimos días. Comienzan
a tener una relación amistosa con Rosas, pero éste les desconfiaba. Temía de
intenciones expansionistas. Entonces en 1834 encontró una prueba de traición y
le encomendó a Calfucurá – aliado Pampa- destruir a los boroganos en el famoso
asalto de Masallé.
Estaba el cacique Mariano Rondeau en Guaminí cuando llega una caravana de Chile:
-Señor nos manda nuestro cacique para decirle
que viene en son de paz y a comerciar, que tanto él como los que lo acompañan
es gente de paz y padres de familia- dijo uno de ellos con nítido acento
mapuche. El cacique Rondeau los contempló atento, y luego manifestando su dicha
con la visita anunciada, reunió a los capitanejos de las distintas tribus y
todos estuvieron de acuerdo en recibir la caravana proveniente de “la tierra de la lluvia”, como llamaban ellos
a la parte sur de Chile.
No obstante, mientras se prepararon para anfitrionar: curanderos, adivinos y las mujeres ataviadas de los mejores trajes, la tropa visitante llegó en son de guerra. Sus lanzas mataron a todos los que se fueron resistiendo y el resto se desbandó para poblar otras tierras: Los Toldos y Valdés en el partido de 25 de Mayo.
No obstante, mientras se prepararon para anfitrionar: curanderos, adivinos y las mujeres ataviadas de los mejores trajes, la tropa visitante llegó en son de guerra. Sus lanzas mataron a todos los que se fueron resistiendo y el resto se desbandó para poblar otras tierras: Los Toldos y Valdés en el partido de 25 de Mayo.
Casi dos siglos más tarde, 20 familias
descendientes de los Rondeau continua su reclamo por el reconocimiento de 4.667
hectáreas de tierra que forman una U entre el partido de San Enrique y Valdes,
pertenecientes a la localidad de 25 de Mayo en la Provincia de Buenos Aires.
El
norte tiene el fuego prendido

El que habla es Emilio Ramón Haro Galli. Ceramista, pintor y militante de la cultura andina desde Tilcara a Cusco trazando un surco permanente. De padres criollos, pero criado por mujeres nativas en el Cafayate salteño. Ahora desde su taller en la quebrada, mastica y piensa antes de soltar palabras con su acuso de coca en la boca explicándonos la mixtura. El ser kolla es una mezcla de diaguitas – con varias escisiones de tribus del norte: yavis, pumarmas, jujuyes, omaguas- y la cultura incaica. Todo hace a una cultura andina por el mismo camino incaico que llegó hasta Tucumán: nombre quechua que significa hasta acá, del imperio Inca de cuatro regiones y divisiones que también bajó por línea recta hasta Mendoza por las montañas.

Jesús Flores Walpaq (Muralista A) y su proyectos de Lazo Urbano
Rompiendo
silencios
Ella dice que hubo que luchar contra el
silencio. Que hay que seguir luchando, incluso contra el peor de todos los
males: la falta de memoria. Que no averiguaba de sus raíces pero un buen día en
su pueblo patagónico se chocó con novedades: “yo soy prima de tu mamá, yo soy la tía”.
-Eso me pasó a los 15 años, yo me acuerdo que volví a mi casa a contar con la gente que me había encontrado. Gente que era mi familia, que yo encontré sin ningún tipo de intención, ese fue el primer encuentro que me generó muchas sorpresas. Después con el tiempo armé un árbol genealógico: mi mamá me ayudó a armarlo diciéndome por ejemplo mi tío se casó con fulana pero después se separaron y se casó con mengana entonces así se genera un nuevo apellido. Los Ropa, los Sayhueque, apellido de mi tatarabuelo que fue un cacique mapuche, que mi mamá no portó ese apellido, ella es Roldán, el apellido Sayhueque lo tenía su abuela.
Yo tengo 29 años, estoy siendo
consciente que en mí giraron y giran dos mundos completamente diferentes: el
mundo de los gringos y el mundo de los negros. El mundo de los dioses, de las
iglesias y el mundo de la tierra. De la semilla. Y otros dioses. No se bien
como se lleva esto de ser mestiza- cuenta Cecilia Bruni, profesora y estudiante de biología, 29 años,
sentada en su patio de Puerto Madryn mientras contempla su almendro que jamás pudo
volar el viento patagónico. “ Cuando era chica lo abrazaba por temor a que se
volara, pero después me di cuenta que las raíces nunca se vuelan”. Siempre
están ahí. Esperándote. Esperándonos.
Matías Kraber
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