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Uyuni

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Pisar donde la tierra tiene nervios. No sé. Tierra con latidos. Sobre todo tierra, el hombre creo que viene después. Al igual que el tiempo. Primero habla la pacha con su sapiencia. Ese aletargado tranco sudamericano. Origen. Semilla. Las cholas que tejen con el hilo de la memoria una historia que se escribe a ritmo de hormigas. Vagones de obreros que creen en el poder de la sal. La sal como mineral y como intercambio de saberes. Necesidades elementales. Retroalimentación que comienza con el sol vuelto una brasa y la luna con frío de barracanes exigiendo el fuego prendido. Obligando al reparo de una fogata casa adentro donde arde la hoguera de la memoria. Televisor sudaca. Viaje pa adentro sin retorno.  Matías Kraber

Comida con olor de club

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Es resignarse a no perder las tradiciones del club, viste. Ese pequeño edén que nos recuerda quiénes somos. Te juro que me siento acá, en ésta mesa, y el recuerdo empieza a silbar una melodía nueva. Aunque siempre sea vieja. Me pida un pingüino de vino o un café de máquina o esta sprite que burbujea en el vaso y huele a medicina de domingo. En la silla de enfrente hay un hueco como una pared que  reclama un cuadro. Y el cuadro, Raúl, créeme, el cuadro puede ser infinito. Una novia, un amigo, un poeta, un transeúnte, una amiga de paso, un enemigo, el que come sólo mientras mira el partido de Boca. El que hojea el diario en la barra, la cara larga de la moza que piensa en la almohada más que en el menú. Filosofía de la espera, Raúl. Mirar por la ventana y entrenar la nada. El quiosco de la esquina, siempre el quiosco de la esquina. Ahora con las persianas bajas dice en aerosol blanco: Lobo puto. Y otros garabatos del arte callejero que puede estar en cualquier esquina...

Círculo de la vida

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En el círculo de la vida nada un pez polar con el radio de la intuición atraviesa mares y canales Salta y se transforma  ser es mutar dice entrenar el nado de la nada nadar con el viento Trueque de felicidad por alegría En el mundo acuático el misterio es la llave de girar al revés del reloj Gravitar sin gravedad mientras dejamos que la lluvia sea un nosotros mismos. En el círculo de la vida un mar y una serpiente

La ventana: lejos o cerca

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Lejos o cerca y prefieren lejos. El casi bastardo. Las palabras de la chimenea: te quieros como peluches, adornos de porcelana, muestras de amor con pronta fecha de vencimiento. Pienso que las medias tintas son su placebo. El líquido -aunque no lo sea- que sacia una sed que es infinita. Insaciable. Porque después vuelve a tener. Porque después necesita otra inyección de azúcar al ego. "Al menos una cucharada más", se mienten. Insulino/ego/dependencia dicen que es: una nueva necesidad -tan plagado de necesidades que está el mundo- esta resume un poco la posmodernidad líquida donde todo se diluye tan rápido como un bayaspirina en el agua. Un rocío de la mañana. Un ídolo de gran hermano. Un puterío de algún famoso. Una canción de la FM. Tantos candidatos políticos. Por eso "qué fue de la vida de" es una sección que garpará siempre en cualquier publicación periodística. Desmenuzar la vorágine. Entender el porqué de las carambolas del oportunismo. O el hambre voraz de...

Después del miedo

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Donde antes no había nada. Una insinuación nomás. El cartel de peligro. El infinito en clave de enigma. La equis. El signo de interrogación que te paraliza. Te frena. Te escupe. Te desvía. Te adormece confortablemente. Te mimetiza con la inercia. El paso sin sangre. La tos del tic. El toc snob. La vanguardia al pedo. La moda. El cliché. El lugar común: la muerte. La vida boba. Es noche de perros y un ángel lloró. Lloró porque dice que no sabe. Que a veces tiene miedo. Y despu és del miedo-qué- pregunta el diablo - No sé- vuelve a decir el ángel cansado de trabajar de ángel. De llevarse la marca fingiendo hacerse el otario. - Bueno, ves esa tiniebla? - Sí - Atravesala que es el miedo. Después ya no serás pensamiento. Matías Kraber 

Los lentos

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General Alvear, Pcia. de Bs As. Lentos, boliche y sin nombres propios.  Nunca se fueron. Ni tendrán porqué que irse. Sino cabe preguntarse qué hubiese sido de nosotros los hombres- cazadores que esperan el apagón de luces- y de ustedes las mujeres- chicas que fingen distraídas que se les ha hecho tarde- para extendernos los brazos en la penumbra, mientras la pista se desagota y son seis gatos locos moviéndose detrás de una nube de humo. Porque si no hay lentos a las 6 de la mañana en Alvear es como si sonara la sirena de los bomberos en medio de una siesta; se altera la circularidad del tiempo en un día cualquiera.  Choque en una esquina, un ahogado, casa quemada, balazo en el pecho, fuga de presos. El acontecimiento, ese, que congela al tiempo.  En Alvear nadie tuvo que apoyar ese slogan publicitario que pedía que vuelvan los lentos al final del boliche. Nunca se fueron. Nadie tuvo que levantar el pulgar en Facebook diciendo “me gusta esto” a un grupo de ciberna...

Vidaleando hasta el Sueño

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El sábado 27 de septiembre murió el músico popular argentino Raúl Carnota. Se fue y dejó un nido vacío. Un silencio duro de tapar. Hizo y compartió escenario con todos:  los Huanca-Huá, Adolfo Abalos, Armando Tejada Gómez,  Hamlet Lima Quintana, Mercedes Sosa,  Suna Rocha. Siempre miró el río, cuando todos le dieron la espalda. Desde su balcón en calle Garay esquina Brasil se dejaba perfumar por el arrabal del río y salía a cantar con su voz de zorzal criollo sin fronteras. Ecléctico, melómano, comprometido Su poesía honda como un aljibe. Marplatense con mundo.Vasco pero enamorado del grito santiagueño. Buceó, jazzeó, armonizó, truncó y enseñó a pescar. Como haré con esta pena, que se metió adentro mío Raúl querido. Te fuiste con el folclore de una mañana de sábado. Tal vez un fuego con duendes y guitarras te espera en el paraíso de la música perfecta. Entrañable. Yo mastico tu silencio, tu luto, mientras juro vidalear hasta el sueño.  Por Matías Kraber