Tucumán

No usar papel rayado para escribir. Saltearse los casilleros y tocar el cielo de una. Después del cielo volver a la tierra como por un tobogán existencial que no deja de ser una montaña rusa. Dientes apretados como la actitud del cholo ante un clásico con Brasil. Marcas de guerra y las kriptónitas que todos tenemos. El lado frágil como una caja llena de cristales o el coraje del gaucho cojudo que encara palante como un toro. El ying y el yang, la dualidad en su máxima expresión: “la luna también te aluna”, me dijo una vez una mujer sabia. La luna, el blanco del poeta, también te puede meter en un fango en el que salimos un poco cabreados o con la mansedumbre de quien metió los dedos en el enchufe. Las recetas no existen. O si existen también queman por su postura sabelotodo de anticiparse a la jugada y la experiencia es el peine que te acercan cuando ya estás pelado. El riesgo, la adrenalina, esos "barcos que viajan de país en país mientras la luna no siempre es la...