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El gran pez de la canción

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Zitarroseño de pura cepa, con matices del rock y murga. Se crió en el carnaval. Aquel carnaval del otro lado del río. Su voz suena ruda por el teléfono pero dentro de un acorde resulta absolutamente fanfarrona. Compadrona. Bien Murguera. Y bien uruguaya. A los diez cantaba en una murga de niños. Un par de años más tarde fue la nueva voz de Falta y Resto. Ganó carnavales, compuso y compone canciones por encargo y -según confiesa- viviría de  eso toda su vida. En el 93 cantó a estadio repleto en El Centenario de Montevideo y de ahí no paró. Pegó un salto, dos, tres y terminó partiéndose para ser un rato uruguayo, y otro rato argentino. Él es Alejandro Balbis y con 42 años lanzó su primer disco solista llamado   El gran pez , luego de arreglarle discos a La Bersuit, La Vela Puerca, Las Pastillas del Abuelo, No Te Va A Gustar, Jorge Drexler y tantos más. Siempre con su impronta murguera. Siempre dejando su marca registrada. -¿Cuándo se daría tu desembarco en Argentina...

Casiopea

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Incomprobable. Incierto. Inhumano. Insano. Injusto. Invertido. Introvertido. Infinito e Incapaz de ser ese deseo que duerme en la punta de la lengua y anida en el pecho. Una yarará silenciosa que se mueve en zigzag, un cascabel de tormenta que tiene que apagarse con agua gástrica, un aljibe que se olvida en el patio de una casa de al lado. Una historia de telarañas, un papel del cajón con pelusas, una puerta oxidada en el patio del baldío donde debiera empezar el viaje, donde debiera empezar el acorde que eleva, la sonrisa que ensancha, la gordura del alma en la tranquilidad de la rambla. Mientras el texto despeina, él brinda por el motor de la palabra que comienza a tocar la tecla de la esencia. Despabilar el ángel dormido de lo sincero que en la balanza del olvido comienza a equilibrar la torre donde vos, yo y nosotros porfin seremos un trébol en el pasto de la suerte.   Comprobable. Tangible. Cierto. Concreto. Real. Humano. Justo. De pies a cabeza. Finito como el día y éste mate...

Hermano andino

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Hermano de las horas sin sueño, en la estrella colmada del amancay serrano, yo brindo por tu vuelta, por tu sangre andariega, por tu sed de camino, tu guitarra y tus manos. Salud, querido amigo, desde mi origen indio donde los dioses beben desde los ojos mansos, donde las lluvias besan la tierra embarazada y los vientos labriegos parcelan los airampos. ¡Quién no estiba distancias en el tiempo y la vida nunca ansía un retorno ni reclama un espacio! El hombre es una avispa de nectar trashumante

El tiempo del duende

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Siempre pulsando para el viaje que crea, resuelve, inventa, tiende puentes- le dijo el joven al duende. Y el duende asintió. Dijo que sí con la sonrisa. Dijo que sí con su silencio de trébol. Y nosotros somos uno más. Siempre tendido. Silencioso pero real. Tácito y querido. Abracero de palabras, de canciones con chispa, del don de gente sencilla que despierta el compañero y fraterno hasta luego porque siempre nos estaremos reencontrando. En otro carnaval. Total -aún tan cierto como la amistad del cerro y el duende- es que el tiempo está después. Lo escuchaste no? dijo el duende y se fundió con el paisaje verde. Matías Kraber Me gusta

La música de los hermanos

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Son cuatro. De padres santiagueños pero criados en Los Hornos y atravesados por la academia musical platense. Heredaron la música de un tatarabuelo, la perfeccionaron y hoy llevan el legado del folclore latinoamericano del Chango Farías Gómez   Por MATIAS KRABER  Alguna leyenda no muy lejana debería decir que la familia de músicos son pájaros viajeros del tiempo con las arrugas de la tierra, el pico de la magia y la yerba de las costumbres. Entibian almas que se vuelven frías con el repiqueteo del bombo, cuerdas con pulso de artesanos y una voz de madre naturaleza acompañada por un coro de hermanos. Los genes como herencia gaucha y la música como marca de un camino largo. Primero el folclore y el tango, después el jazz, y lo latino, hasta que apareció el Chango Farías Gómez -que no es pariente sino una casualidad del destino- los tocó con su vara de chaman e hizo síntesis para siempre.  SINTESIS FAMILIAR  Ellos son Los Gómez y acá en La Plata, en Los Hornos, o...

El casi nunca

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Aún peor que la convicción del no y la incertidumbre del tal vez es la desilusión de un casi. Es el casi el que incomoda, que entristece, que mata trayendo a la memoria todo lo que podría haber sido y no fue. Quien casi ganó aún juega, quien casi aprobó aún estudia, quien casi murió está vivo,   quien casi amó no amó. Basta pensar en las oportunidades que se escaparon por los dedos, en las oportuni dades que se pierden por miedo, en las ideas que nunca saldrán del papel por esa maldita manía de vivir en el otoño. Algunas veces me pregunto qué nos lleva a escoger una vida tibia; o mejor no me pregunto, me contesto. La respuesta la sé de memoria, está estampada en la distancia y tristeza de las sonrisas, en la flojedad de un abrazo, en la indiferencia de un buen día casi susurrado. Sobra cobardía y falta coraje hasta para ser feliz. Si la virtud estuviese a medio terminar el mar no tendría olas, los días serían nublados el arco iris tendría colores grisáceos. Preferir la derrota prev...

Postal Tayrona

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El arte ahí tiene color esmeralda. Una piedra furiosa que late con sus olas. Unos pájaros que saben reciclar el agua en su pico, y más tarde se van a mirar su propio crepúsculo en la orilla del mar. Unas plantas que emanan espíritu de cambio. Simpleza de norte con energía de mujer. Faros del caribe que prenden sus ojos y quitan sus vendas. Pescadores sentipensantes mostrando los señuelos de la vida con magia. Aquí y ahora un edén que existe.