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Mañana campestre

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Escribirle a la mañana con pereza. A la trasmano. La correntada de la inercia que arrastra mientras el corazón quiere pasto. Escaparse al sol. Sentir la fragancia del trébol en las fauces que sería el real perfume del azar. El perfume del azar más silvestre de todos.  Mañana campestre la música que le pone audio a éstas sensaciones que quieren desoír el tren, sus bocinazos, el murmullo que le sigue al poner un pie en la urbe donde seremos hormigas negras y anónimas del hormigón. La realidad física marca su gramática con el freno de la locomotora y los vagones que se arrastran por las vías con sonido de sierra carnicera. Mi cabeza sigue en mañanas campestres, algo desde el fondo la canturrrea con certezas. Algo, sonando, me dice que seremos libres. Matías Kraber

Cartas como pájaros

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Pienso en pájaros que están lejos, aunque estén siempre cerca.   Pienso en pájaros multicolores que con sus plumas tiñen el cotidiano distinto con una canción, una imagen, un cuento, un verso, un mate, un tinto o un aguardiente.   Pienso que pensar en ellos es como pensar en mí: un plural de nosotros. Una familia de amigos que aunque no todos lo sean entre sí, forman parte de secuencias tejidas con vísceras. Hilos invisibles de amor con simpleza. Pienso en la retroalimentación  del vuelo. En la tela que está en el viaje. Pienso en el infinito: ese ser sin fronteras que pare todo el tiempo. Pienso en hombres y mujeres singulares que aunque sean muchos tienen un nombre que ahora revolotean en mi domingo. Pienso que los llamaría por teléfono, les mandaría una canción, un vino, un abrazo de letras. Pienso en decirles gracias por compartir su vuelo y por la amistad del viaje. Matías Kraber https://perezmusica.bandcamp.com/track/huellas

Oda a la soda

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Bendita sea el agua nerviosa. Ésta electricidad primero en la boca y después en la garganta que reclama un tono milonguero de mi mayor.   Aliada del vino, prima del café, plumero de la resaca.   Soda, sodita, sodasa tengo la certeza que jamás te pasarás de moda. Escucharte salir disparada tras un gatillo de sifón es música, y después sentir tus pequeñas anguilas eléctricas en el paladar son tu pequeño aporte con la vida: "buenos días, buenas tardes, buenas noches; por acá pasó la soda".

Hotel España

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Algún día terminarán en un hotel, lo sé. Lo sé como si lo hubiese visto en una película argentina de bajo presupuesto. Ella en el subte línea b camino a Medrano, y él pateando por San Juan al salir del trabajo. Se morfa una pizza con mucha muzzarela en Kentuckys, mira por la ventana e imagina. La ansiedad de la sorpresa se amortigua con una pizza que sabe tan rica como el propio enigma. Ella también piensa. Va agarrada del pasamanos del subte y mira por la ventanilla. Siente el bamboleo del tren y se deja arrastrar por la inercia. Tiene los labios rojos y se los mira en el reflejo del vidrio mientras frota el labio inferior en el superior. Un segundo o dos dura su coqueteo hasta que yo capto el instante y quiero atrapar su mirada. Interponerme. Lo logro y ella siente que la despluman: se ruboriza. Siente la vergüenza en sus mejillas, porque es al mismo tiempo tan guerrera como carmelita descalza. El amor en buenos aires puede ser subterráneo. Late por abajo de las baldosas y el ho...

Papel del viento

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Primero vino la exclamación de la angustia en el micro cuando veo de refilón su muerte. No me quiero hacer cargo. No digiero tan rápido.   Los obituarios van a llover de frases, en la televisión se escuchará su voz, acaracolada, parsimoniosa pero tan flecha como su pluma. El diario Página/12 lo tengo en la falda y no dice nada porque aún no se enteró pero mañana tendrá columnas. Él escribió ahí y dejó contratapas lúcidas en el archivo. Se me viene una: la de Hugo Chávez cuando ganó el referéndum en Venezuela. Se me vienen muchas cosas: mi abuelo diciéndome "ya vas a leer este libro y te acordarás de mi" y señalaba las venas abiertas de América latina. Quizá la primer gran Biblia marxista de Latinoamérica.   Se me viene el siglo del viento, el fuego: los nacimientos, se me viene una tarde de abril de hace 6 años cuando tomaba un café con mi novia de ese momento en el Ateneo de Callao y Ayacucho y sonaba un piano en el café que olía a medialunas y bossa. Un señor de ojos de ma...

Mestizo soy

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Un viaje por las raíces de estas tierras argentinas que hacen a la mezcla. Entre pueblos originarios, europeos y negros se fue entretejiendo un crisol de razas dónde aún predomina un 56% con sangre nativa en su árbol genealógico. Testimonios, datos y curiosidades de nuestra sangre mestiza que merece ser revisada por nuestras generaciones.

Mi tio y Rubén Paz

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A mi tío Marcelo,  A Diego Dana  y Alberto Martinelli  Casi no le recuerdo los gestos. O el rostro. Sí, sus carcajadas de un negro diablo tamborilero con pelota de fútbol. Lo cierto es que apenas lo nombran aparece una montaña rusa de recuerdos del otro lado del río. Entre la infancia, mi tío preferido y Uruguay.  Este hombre nació en la ciudad de  Artigas, Don José, el San Martín oriental que dijo a desalambrar a desalambrar y los orientales picaron en punta en la reforma agraria más progresista de América Latina. Este hombre es un tapado para las nuevas generaciones, pero todo aquel que haya amado el buen fútbol va a tomar ésta historia como un vino añejo guardado en roble. Corchazo al recuerdo. “Rubén, de zurda Rubeeeeeennnn”, relataba el tío en el potrero. Cuándo ustedes van a tener un Rubén Paz?”, me tiraba con su sorna académica cuando yo iniciaba mi amor kamikaze por Independiente con gambetas del Beto Alfaro Moreno.   “Pero...